No tengo ni puta idea de dónde estaba el 5 de abril del 94. Estaría montando un lego, leyendo un barco de vapor... Pero a mis casi ocho años, seguro que ni me enteré de que Kurt Cobain se había pegado un tiro. Y eso que en casa había mucha música. Pero poca de los noventa. Fin.
Si que os puedo decir que unos 13 años más tarde me desgañito cantando Territorial Pissings en la parte de abajo del O'Connors. Gritando con la fuerza del fumador que todavía no ha convertido el vicio en hábito. Luis se marca el speech del principio, creo. Yo me descuelgo la guitarra.
Unos meses antes, sería octubre, tocando en el Terminal, una chica a la que no conozco de nada me pregunta si tocamos alguna de Nirvana. Estamos recogiendo. Le digo que no, pero que sí se viene al siguiente concierto en Pamplona igual nos marcamos una... Me tiró el moco por quedar guay. Resulta que suena la flauta. Un par de ensayos más tarde, pensando en cambiar de versión para los conciertos, salen dos o tres canciones. Entre ellas, Territorial Pissings. Y yo claro, me hago el sueco. Al final la tocamos.
A mi Nirvana ni me van ni me vienen en exceso. Sí, molan. Pero soy más de otros rollos. Disimulo fácil. Tocamos Dive alguna vez y un par de años antes me leo el pastiche de los diarios de Kurt Cobain que se publican en España... Pero ni por esas. Sigo sin ver lo que tantos ven. Aunque mole.
Y al final, ¿Qué pasa con esa chica y el concierto? Resulta que la siguiente vez que tocamos en Pamplona, en el Woodstock, llevamos dos canciones nuevas (que aunque no pueda ni tararear, porque ni me acuerdo se llamaban Cluedo y Horn of Plenty) y tocamos Territorial Pissings. La chica viene.
De vuelta al O'Connors, ya en la primera estrofa, por el rabillo del ojo veo dos figuras subiendo esquivas las escaleras. La tía que me mola en aquel entonces y otro tipo. Conozco la existencia del otro tipo esa misma noche. Comprenderéis que decidiera no querer saber nada de ella. Tampoco sé mucho más de la chica del Woodstock. Se fue con otro que decía haber estado en un concierto de Nirvana al par de semanas de nuestro estreno de Territorial Pissings.
Llego a la conclusión de que Kurt me ha levantado una tía después de muerto. Y de que en general, la canción no me ha traído mucha suerte con las mujeres. Es la última vez que la tocamos. Un par de meses más tarde, en verano entramos a grabar. Saco la cabeza por la ventanilla. Por lo que pueda pasar. Estoy en el asiento trasero del coche del amigo de un amigo. Rumbo a dónde sea. No me gustan las camisas de leñador y estoy demasiado gordo para ser un Grunge de pro. Es más, nosotros tampoco tenemos intención de ser Grunge. ¿Quién coño me ha invitado a esa fiesta?
El otro día, echando cuentas y mirando tan hacia atrás que
casi me dio vértigo, recordé la primera peli que vi en el cine: Oliver y su
pandilla. Con mi padre. Tendría unos tres años. Y todo a santo de que sin hacer
demasiado ruido, callandico y por la puerta de atrás, cierran los Cines
Olite. El escenario de esa primera peli. Tocado y hundido.
Antonio Vega se murió de pena. La conversación se corta
tajante y dejamos que la radio susurre entre las tripas del Saxo. Y “Antes de
que salga el sol” suena un poco ahogada. Doblamos en Sancho el Fuerte. Yo le
doy vueltas al tarro, como quién aprieta una tuerca: Antonio Vega se murió de
pena. Y punto.
Tarde. Serán las siete y estoy solo en la academia. Fue uno de esos escasos días abrasadores de la semana pasada. Antes de entrar mi último alumno de la tarde voy al baño a beber un poco de agua. Vuelvo a mi aula.
Nunca he sido un fan. Mentiría si
lo dijera. De vez en cuando se escuchaba algún disco suyo en el coche de mi
padre. Kevin Ayers se ha muerto y me he enterado precisamente
por él, que me ha enviado un enlace con la noticia.
Y sí, “Stranger in Blue Suede
Shoes” está en mi mp3 y suena una de cada mil quinientas ocasiones en el modo
de reproducción aleatoria. Con la misma fuerza. En parte por el tono pillo que
me sigue recordando a los primeros veinte. Para mí no se ha perdido un ídolo.
Pero sí el tío socarrón que cantaba áspero y como desganado al que papá y yo
solíamos imitar al dar las gracias.
THANK YOU- VERY- MUCH.
And so long, Kevin.
Extraño con zapatos de ante azul
Entré en ese bar
Y el tío me despachó,
Me dijo, “No servimos a extraños
con zapatos de ante azul”.
No dejamos a deber, ni regalamos nada,
Tenemos que pensar en lo que puede decir la gente.
“¿Sabes a qué me refiero?”
“Claro, tío”.
Me regaló una sonrisa enfermiza y húmeda
Y le ofrecí uno de mis cigarrillos,
Lo cogió, temiéndose parecer borde
Y empezó a ponerme un poco de comida de segunda.
Buen tío… Te los encuentras en cualquier parte.
Dijo: “Dios, dios,
he estado sirviendo demasiado
Y este cigarrillo parecía estar bien cargado,
Yo no dicto las normas,
Hago lo que me piden,
Pero me imagino que toda norma está hecha para romperse,
Puedes coger lo que quieras, a mí no va a hacerme daño,
Llega diciembre y toca repasar. Puestos a tener en cuenta
que quizá el chiringuito se cierre en poco más de una semana por esto de los
Mayas, toca pecar como marranos. Y si queréis música para preparar el
apocalipsis aquí tenéis un par de discos interesantes.
Como siempre, no están todos pero da una idea… Y el 2013
puede ser un año cojonudo (o no) para la música. Lo empezamos a pensar el día
22 cuando nos hayamos despertado igual que el día anterior y el anterior y el
anterior… ¿Os parece?
Mark Lanegan:
Blues funeral.
Un disco para sentirse jodido, cagar chinchetas o estar abiertamente
triste pero casi con glamour. Desde que cayó en mis manos entró directamente en
la lista. Que el título lleve la palabra funeral ya sienta las bases para no
ser apropiado para un picnic con la churri, pero aun y todo… Una mezcla curiosa
de lo que podría ser música para el patíbulo o para una fila de condenados a
trabajos forzados en pleno Sur Profundo, con cajas de ritmos de las de antes.
El resultado es un intento de mear contra el viento sin mancharse los
pantalones. Bravo, Mark Lanegan. De mayor quiero tener tu voz, ¿Cuántos
paquetes de Ducados diarios necesito?
The Mars Volta:
Noctourniquet.
Acostumbrados a los juegos de palabras más que enrevesados,
las letras nubladísimas y esas maratones de mirar el reloj y pensar ¿Falta
mucho?, ¿Qué se puede esperar de un disco de Mars Volta? Yo diría que un lavado
de cara. Aunque no una redención. Coquetean con la electrónica, aceleran para
bien y ninguna de las canciones llega a las temidas dos cifras. No es un disco
fácil. Tampoco uno de los de “Si quieres empezar a escucharlos, empieza por
éste”. Mars Volta no entiende de eso. Pero es así de sencillo, estos tíos son
como las lentejas: si quieres las tomas y si no… Que te follen.
The Smashing
Pumpkins: Oceania.
Seguro que muchos me crucifican por meter a Billy Corgan en
la lista. Y sí, Oceania no tiene el punch del “Mellon Collie”. La delicadeza sombría
del “Adore” se quedó colgada en 1998. Y no le llega ni por asomo a “Siamese
Dream”… ¿Y qué? Sigo pensando que es un buen disco, especialmente después del
batacazo que supusieron los últimos intentos de Corgan. Distinto a su manera.
No hay oscuridades. El término podría estar cazado con pinzas, pero es “Heavy
de buen rollo”. Pesado, pero positivo. Muy cristalino, pero sin pasarse. A ver
cómo funciona el siguiente…
A place to bury strangers: Worship.
Al comprar un disco de este grupo deberían poner una
pegatina que diga “Ojo, que salpica” en vez de los jodidos Parental Advisory.
Puede parecer por el single que por fin se va a entender al cantante entre la
guarrería amplificada a la que tienen acostumbrada al personal, pero siguen
siendo perros viejos y de costumbres… Un solo tema suyo puede reventarte los
tímpanos. Un disco entero, hacer que te metas a la bañera abrazado a la
tostadora. No es música para todos los oídos. Pero a mí, siguen sin
defraudarme.
Barricada: Flechas
Cardinales.
Volviendo al mundo canino, ¿Un perro de tres patas puede
seguir siendo un perro? Sí. Sólo tiene que volver a aprender a caminar. La
verdad, nunca he sido un fan de Barricada y quizá no le pueda sacar el mismo
gustillo que muchos le sacaran a sus discos. Me “enganché” a la carrera con su
anterior trabajo. Repiten en producción y siguen aprobando con muy buena nota. ¿Qué
se echa en falta algo? La voz y la poesía de El Drogas son insustituibles. Pero
éste es otro barco y el viaje no desmerece.
Soundgarden: King
Animal.
Este año hemos tenido unas cuantas idas, venidas y vueltas a
la forma. Una de las más notables ha sido la de Soundgarden y siguen siendo los
vaqueros con los que te sigues sintiendo cómodo aunque tengan mil agujeros. Se
echa de menos la dejadez en la producción. Todo está mimadísimo. Pero los
tiempos son distintos y la pela es eso, la pela. Canciones de pulso rockero
crujientísimas para sudar en conciertos, como las dos pedradas que abren esta
ópera, momentos para irse la olla de paseo y una historieta sureña que cierra
resultona el disco. Sí, es Soundgarden.
Aimee Mann:
Charmer.
Siempre es una delicia escuchar a esta señorita. Música
suave, con “sensibilidad pop” que dirían los críticos serios pero madura y
profunda en el fondo. Tiene una voz lo suficientemente dulce como para hablar
de las mayores tragedias amorosas sin que suenen a drama, demostrando que las
bofetadas que te da la vida pueden sonar a pelea de almohadas según como las
tomes. Curiosidad al canto: el video de la canción “Labrador” es una
reinterpretación plano a plano del videoclip de “Voices carry”. Un hit de su
banda de los ochenta. Sólida como siempre.
Muse: The 2nd Law.
Pierdes la fe en el ratoncito Perez, en el hijoputa que te
levanta la novia en el insti… En la humanidad en general. Para mí, escuchar a
Muse es darse de cabezazos para intentar dar una nueva oportunidad a un grupo
que se volvió el centro de mi universo musical en plena adolescencia. Y como
siempre el hitazo abrasa radios deja buen sabor de boca… Y ya. Fríos, pomposos,
y sonando como siempre a plasticurri y ruidicos. Pero antes era un plasticurri
aparente. Al menos para mí. Es como meter el culo en el frigorífico durante una
hora. Así de helados me dejan.
Death Grips: No
Love Deep Web.
Oficialmente este disco puede quedarse en el limbo de los
“pudieron ser y…”. ¿Se considera de este año? ¿Del que viene? ¿Llegará a salir?
Después del pifostio con Epic ni se sabe. Pero por el órdago que le han echado
a su discográfica y por ser el grupo de badass maddafakkas con más mala virgen
del mundo mundial, se merecen una placa. Eso mínimo. Electrónica de la dura dura,
no os miento… Para comprar en Bershka en las rebajas del fin del mundo. Y si no
estás listo, una politoxicómana atómica te arrancará la piel del brazo a tiras.
He dicho.
Bob Dylan: The
tempest.
Si tuviera una clínica dental en el Sur de Estados Unidos la
pondría en mi sala de espera. Pero como no es el caso, tardaré eternidad y
media en volver a escucharlo. Si lo hago. Dylan lleva meándose en la música de
los últimos treinta años una buena temporada. Y de acuerdo, el 90% de la música
de los ochenta es más que olvidable, pero asegurar algo así no tiene
fundamento. Hay viejos cascarrabias que no tienen gracia. Entre ellos está
Dylan. Más que soso. Y con la misma pasión cantando que al sacarse una
pelotilla de la nariz. Hay comentaristas de Curling que le echan más ganas. Retirada
a tiempo…
Neil Young & Crazy Horse: Americana/
Psychedellic Pill.
Dos han sido los inventos de Neil Young en menos de un año y
como a papá y a mamá se les quiere por igual, estas líneas van dedicadas a
ambos dos. Mi padre compara la primera canción de Americana a un escultor
sacando forma a un bloque de mármol. Y es verdad. No hace falta cabalgar con la
guitarra para hacer canciones monumentalmente cojonudas. Aunque cuidado, las
virguerías llegan a acojonar. El primero, para releer clásicos. El segundo
(disco doble además), para convertir el coche en una alfombra mágica y flipar
sin psicotrópicos. Óxido deluxe.
The Hives: Lex Hives.
Uno de esos serios grupos informales que te arrancan una
buena sonrisa. Estos macarras suecos saben muy bien de que hablan. Te hacen
mover el cucu, como sólo sabían los grupos de antes… Y a mi me cuesta marcarme
un bailable. Para muchos no tendrán la fuerza de los discos de antes, serán
repetitivos y bla, bla, bla… ¿No eran repetitivos los Ramones? ¿Dejan por ello
de ser la hostia? Todos tenemos derecho a hacernos mayores. Por cierto, la
sección de viento de los mares del Norte me enamora. Mucho.
Hay fuerzas creativas muy importantes. El odio es una de
ellas y que tire la primera piedra quien no se haya sentido así alguna vez,
porque el mundo está lleno de cabrones. De hecho, no sé si es odio, rabia o algo
distinto lo que siento por quién me descubrió esta canción. No la descubrí en
el mejor momento. Incluso inventé un videoclip muy adecuado. Uno de esos que
terminan siendo censurados en Mtv por
burros.
Que te follen.
“Tu cara tiene una expresión que
me gustaría borrar,
Veo el pecado en tu cara y en
la forma de tu boca,
Lo único que quiero es verte
sufrir de manera terrible
Y aunque no volvamos a vernos,
recuerdo tu nombre.
No puedo creer que hace tiempo
fueras como todo el mundo,
Entonces creciste y te
convertiste en el mismo diablo,
Reza a Dios para que pueda
decir algo agradable
Aunque no creo que pueda,
Así que que te follen.
Eres escoria, eres escoria y espero
que sepas,
Que las grietas en tu sonrisa
empiezan a asomar,
Ahora el mundo tiene que ver que
es hora de que te vayas,
No hay luz en tus ojos y el
cerebro te va lento.
No puedo creer que hace tiempo
fueras como todo el mundo,
Entonces creciste y te
convertiste en el mismo diablo,
Reza a Dios para que pueda
decir algo agradable
Aunque no creo que pueda,
Así que que te follen.
Imagino que duermes como un
bebe, con el pulgar en la boca,
Podría arrastrarme hasta ti y
ponerte una pistola entre los dientes,
Me pone enfermo escuchar la
cantidad de mierda que dices
Toda esa porquería inventada
te tiene que llevar todo el día,
Hay un sitio guardado en el
infierno con tu nombre
Con una chincheta en el
asiento para ponerle la guinda,
¿Cuando te miras al espejo ves
lo mismo que yo?
Si no, ¿Porqué cojones me
miras a mí?
¿Porqué cojones me miras a mí?
Todos tenemos nuestro momento
y el tuyo ha pasado,
¿Podrías darte prisa en
desaparecer? Te encuentro hasta obsceno.
No podemos esperar al día en
el que ya no estés por aquí,
Cuando esa cara no esté aquí y
te pudras bajo tierra.
No puedo creer que hace tiempo
fueras como todo el mundo,
Entonces creciste y te
convertiste en el mismo diablo,
Una cosa te lleva a la otra. Llega el momento en el que
tienes suficiente rodaje como para que una anécdota facilona o un disco muerto
de risa en el escritorio te lleve a recordar algo. Y ese “Algo”, tiene todos
los boletos para ser una batallita que ocurrió hace mucho tiempo. Me pasó a
principios de agosto, con los diez años desde mi visita a Irlanda. Hoy traigo
otro décimo aniversario.
Corría febrero del 2002 cuando me presenté con mi padre en
Donosti para ver a Joe Jackson en el Kursaal. Todavía estaba en el cole (dos
días más tarde tenía un examen de Naturales que me tenía cagado de miedo). En
Pamplona aun existían instituciones como el Lumière, Circus o Chaston. El
gustillo de los graves del bajo en el estómago era casi comparable a la
rebeldía de estar un martes fuera de casa a horas en las que debería estar
haciendo deberes.
¿Y a santo de qué? ¿Con que permiso irrumpe en
esta cabeza mía este primer concierto? A santo de descargar “One more time” y recordar que fue un bis
aquella noche. A tus dieciséis piensas, “Ojalá viera más de éstos”. Aquel
bautizo no tuvo pirotecnia ni grandes pantallas. Era un concierto chiquitín e
íntimo. Con el tiempo aprendes que lo que está hecho con mimo merece más la
pena.
Coges tablas, maneras y vicio. Antes de escribir he
intentado poner una cifra a todos los bolos que he visto y me he perdido. Hay
paradas en estaciones Pop de todos los
pelajes, Rock, Rock Duro, Heavy, Heavy más
que Heavy,Jazz, Electrónica, música
delicada, música sin escrúpulos…
Poco me faltó para ponerme al día. Conservé esa complicidad
con mi padre que nos llevó a J. Cale,
Robert Fripp o Elvis Costello, Nick Cave and The Bad Seeds... A experimentos raros de Muse y Suede. No
importaban los kilómetros o días de escuela y Uni. Al final, los kilómetros nos
han hecho mayores a los dos. Mi madre también se subió al coche para ver a Jagger
y compañía o a R.E.M. Con ella vi a PJ Harvey en Londres. Para mí no dejan de
ser raíces y eso cala hondo.
Entre tanto, muchos momentos grandiosos. También grandes
chascos de “artistas” sin ganas dispuestos a amargar al personal. Espinitas
clavadas que te susurran “Si hubieras visto a tiempo a tal grupo…”, “Si hubieras nacido antes…”. Eso
lleva a meriendas descafeinadas de dinosaurios que ahora tienen la vergüenza de
llamar reuniones. Conciertos vergonzantes en los que te sorprendes perdiendo el
culo por una chica. Conciertospasados
por agua…
Bowie sin aparecer en
Bilbao por problemas del corazón. La borrachera infecta tras mi segunda vez con
Nine Inch Nails. Aquella peli de Buñuel que fue mi Summercase 2007 en
Barcelona. Tres Metallicas y sus tres Depeche Modes (con tres encarnaciones muy
distintas de mi mismo y sus respectivas compañías).
Se me ha escapado la lagrimilla más veces de las que me gustaría
admitir. Sólo he dado cabezadas con el vinagre de Van Morrison. Moratones de
primera fila, horas de viaje y de cola bajo soles de justicia, broncas con fans
recalcitrantes que dicen que les has quitado el sitio… Todo cuenta y todo vale.
¿Quién sabe? Puede que un día yo sea el viejo, como en la canción de Neil Young…
¿Veis? Otro que me dejaba.