Hay salidas de escena forzadas. Y también forzosas. Hay salidas de escena que conllevan una vuelta mediocre y penosa. Michael Stipe dijo ayer que un buen invitado a una fiesta es aquel que sabe retirarse a tiempo. Y es una gran verdad. R.E.M. entró en el mundo de la música sin estruendos, forjando un público fiel y labrándose un huequecito en la historia moderna de eso que algunos, todavía se empeñan en llamar Pop. Y han decidido irse así. Sin ruido.
Esta mañana, estaba comprando y sonaba una canción suya en la radio, Man on the moon. Y aun me sentía un poco desilusionado. Con las bolsas y un cigarrillo, he pensado en algo que me dijo ayer Vero: “Chico, ni que Michael Stipe te diera de comer”. Y no, no me da de comer. Pero ese tío enigmático, de mirada triste, ha sido una de mis mayores influencias a la hora de escribir letras. Y Peter Buck, ha sido casi mi mano derecha tocando la guitarra. Cada cual tiene sus ídolos. Ellos han sido los míos.
Y la música se quedará, desde luego. Se quedan los posters, los discos y pequeños trofeos como entradas de conciertos. Pero también se van otras cosas, que en el fondo, aunque sigan ahí, hoy han hecho que el estómago se me retorciera. Y son recuerdos.
Mi padre, entrando en mi cuarto con el Out of time y diciendo pon Losing my religión. Recorrer campos y campos de un verde casi marciano en Irlanda con Try not to breathe de fondo. Tardes de universidad, con la guitarra en la ciudadela, reproduciendo lo que había citado nuestro profesor de Antropología, que utilizaba muchas de sus canciones para explicar su materia. Despertarse y ponerse las pilas con Wake up bomb. Un polvo salvaje con Crush with eyeliner de fondo. Enamorarse, siempre, con Up. Mandar una rosa con el estribillo de The great beyond. Detalles, recuerdos, que para mí son historia.
Escribo todo esto con su último disco a volumen razonable en la cadena. Ellos decían ayer, que después de más de treinta años en la música, este disco es como un fin de ciclo. Algo de razón tienen. Suena muy maduro, sólido y en el fondo, aunque me pese, a canto de cisne. Su aventura empezó con Radio Free Europe hace muchos años y termina en Blue, la última pista de este disco. Las últimas palabras que se escuchan de Stipe, el último verso: “Siglo XXI, desvaneciéndose en el ahora”. Así termina la historia.
Entre los recuerdos de los que os hablaba antes, están esos cuatro conciertos suyos que he podido ver. Y el regusto amargo de no poder haberlos visto una vez más. Saber que no podré tener ese pequeño placer más.
Adoro la música, y ojalá, algunos grupos hubieran tomado el mismo ejemplo y se hubieran retirado a tiempo. Con una obra maestra bajo el brazo y un buen par de huevos, pero ¿Ellos? No pensé que se jubilarían, y como incondicional que soy, sé que ha habido intentonas. Nada más que decir y con esto, vuelvo a citarles , “he dicho demasiado”. R.E.M. ha muerto con las botas puestas, ¡Viva R.E.M.!